Conocer el origen y el significado de las palabras (la etimología) es un ejercicio efectivo para entender el mundo y los procesos que se dan en él. En estas horas turbulentas, algunas palabras y sus significados resultan fundamentales.
Por ejemplo:
· Democracia: Del griego, predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.
· Representar: Sustituir a alguien o hacer sus veces, desempeñar su función o la de una entidad, empresa.
· Mandato: Encargo o representación que por la elección se confiere a los diputados, concejales, etc.
· Encargar: Encomendar, poner algo al cuidado de alguien.
· Mandante: Que manda / Persona que en el contrato consensual llamado mandato confía a otra su representación personal.
En el artículo 1º de su primer capítulo, la Constitución nacional establece que la democracia argentina es, además de republicana y federal, representativa. Esto significa que el pueblo no gobierna en forma directa, sino que lo hace a través de representantes. A las personas que elige para que lo representen, el pueblo les otorga un mandato, es decir que les encarga que lo representen. En definitiva, pone a su cuidado el poder de gobernar: los representantes ostentan, administran, cuidan un poder ajeno, que les es delegado por el pueblo por determinado período, que es fijado taxativamente por la Constitución Nacional y por cada una de las constituciones provinciales.
Cuando moría la tarde del lunes, la vicefeja de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Gabriela Michetti, anunció su decisión de renunciar a su cargo para ser candidata a diputada nacional porque bla, bla, bla.
Gabriela, que venía surfeando el pantano de la política sin mancharse las Topper blancas, se cayó de trompa en el barro.
Y violó el artículo 3º del capítulo 1º del régimen electoral porteño, que establece: “El/la Jefe/a y el/la Vicejefe/a de Gobierno duran en sus funciones cuatro (4) años”.
Gabriela clavó una estaca en el corazón de la democracia representativa. ´
La chica de Balbanera (ella es una chica de barrio) cacareó ante las cámaras sin demasiada convicción, con cara de qué hago acá. Dijo que renuncia para no dejar lugar a especulaciones. Y que renuncia porque “no da todo lo mismo”. Quiso, Gabriela, alardear de ser distinta. Quiso lavar su jugada de las impurezas de las candidaturas truchas del kirchnerismo. Al renunciar, quiso Gabriela -que es una recién llegada a la política y no puede darse el lujo de compartir el fango con los profesionales de la trampa- decir que lo de ella no es lo mismo que lo del gobernador Daniel Scioli.
Mentira.
Es lo mismo.
Exactamente lo mismo.
Las diferencias son de forma.
Ella traiciona la confianza consumada e incumple el mandato del pueblo a la mitad del río. El gobernador Scioli (y todos los que terminen asumiendo una candidatura virtual) traiciona a cuenta: antes de que le encarguen ser diputado nacional por cuatro años, avisa que no lo será. ¿El que avisa no traiciona? En este caso, sí. Si su candidatura trucha fuera entendida cabalmente como tal por el conjunto del electorado, no sería tan efectiva en términos de intención de voto. No “mediría”. Y no tendría sentido. Porque lo tiene, es traición, aunque avise.
Es lo mismo que hará Francisco de Narváez: el postulante del PJ disidente admite desde el vamos que traicionará el mandato de sus votantes dentro de dos años, cuando renuncie al encargo del pueblo para ser candidato a Gobernador.
Es lo mismo que hará la líder de la Coalición Cívica, la ultra republicanista Elisa Carrió, que también dentro de dos años, cuando interrumpa su gestión como diputada nacional para lanzarse a la carrera presidencial, se sacudirá la responsabilidad que le habrá mandado el pueblo porteño. Es lo que hizo en 2007.
Es lo mismo que hará Felipe Solá. El ex gobernador traicionará para atrás y para adelante. El lunes a la noche anunció que renunciará al trabajo que le encomendaron los bonaerenses en 2007 para postularse al mismo cargo, pero por una opción política diferente y avisando que quiere postularse a la presidencia en 2011. Entre 2009 y 2011 no cabe un mandato de diputado nacional.
Se dice por estas horas que lo de fulano es más grave que lo de mengano y cosas por el estilo. Mentira.
Cuando se ataca la sustancia de una cosa, no hay grados de gravedad. Cuando se traiciona la voluntad popular, es todo lo mismo. Porque lo que hacen todos, los candidatos virtuales y los renunciantes, es manejar discrecionalmente un poder que no les pertenece, porque les pertenece a sus mandantes.
Lo que hacen todos es, en definitiva, golpismo.
¡Epa!
¡¿Para tanto?!
Sí, claro.
Si no, ¿qué otro nombre se le podría poner a la apropiación del poder que es del pueblo? ¿No es un asalto al poder popular? ¿Qué otra cosa que golpismo es licuar el poder del pueblo en un sistema de gobierno basado, precisamente, en el poder del pueblo?
Además, ¿por qué cualquier mortal que rompe unilateralmente un contrato es castigado con multas y sanciones y, en cambio, un funcionario que ejerce un cargo electivo y rompe unilateralmente el contrato con el electorado recibe, como premio, un nuevo cargo?
¿A qué lógica delirante responde eso?
lunes, 27 de abril de 2009
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