Como en una película de cine catástrofe o de la mejor ciencia ficción (una ciencia ficción que, se verá con el correr de este relato, le viene errando al viscachazo), las imágenes que proyectan los televisores revelan un mundo desquiciado y en peligro. Hombres, mujeres, niños y ancianos andan por la calle tapando sus rostros con barbijos, en una suerte de desagravio extemporáneo a Michael Jackson. Mientras, las radios emiten consejos sobre cómo estornudar (sobre el codo, hay que hacerlo, dicen, lo que resulta menos peligroso para el conjunto pero también más asqueroso, porque nada de agradable tiene andar con la manga de la camisa infestada de mucosas). Los chicos llevan Off en sus mochilas y los funcionarios públicos dejan sus oficinas (no hay mal que por bien no venga) para repartir los repelentes mientras aviones livianos sobrevuelan sus cabezas fumigándolo todo. Y los aeropuertos están paralizados y sus pasajeros, varados, lo que aporta buen color a la escena de la psicosis y la conmoción. Con semejante combo, ¿cómo convencer a los profetas del Apocalipsis de que el fin del mundo no ha llegado?
La primera gran macana se la mandó un viejito bonachón a quien se le ocurrió salvar a dos ejemplares (un macho y una hembra) de cada especie. El tipo construyó un barco gigante y les dio asilo a las bestias para que no murieran ahogadas. Acaso el viejo no lo hizo con mala intención, sino todo lo contrario: de buen samaritano lo habrá hecho. Pero ahora se ven las consecuencias de esa epopeya desafortunada e imprudente que le valió fama y lustre universal.
Después vinieron todos los que la pifiaron feo y se llenaron de plata con sus pronósticos errados. Numerosos escritores de ciencia ficción han señalado que el fin de la raza humana sería a manos de las máquinas. Últimamente han reforzado esta teoría dos sagas cinematográficas de tremendo éxito:
* En Terminator, los robots envían a androides al pasado (a 1990 y pico) con la misión de matar al que sería, en el futuro, el líder del movimiento que se alza contra máquinas que, habiendo alcanzado la inteligencia y la autodeterminación, deciden aniquilar a los humanos y gobernar el mundo.
* En Matrix, los humanos viven recluidos en una mega ciudad subterránea. En el exterior, las máquinas lo dominan todo. El tercer capítulo relata, precisamente, la batalla final.
Basta.
Basta de temer ese futuro de arturitos rebelados contra el sometimiento.
Los que nos quieren destruir, según la historia de la salud pública se ha encargado de avisar en reiteradas ocasiones y lo está haciendo ahora de manera dramática, son los animales.
La enciclopedia universal electrónica Wikipedia señala que las mayores pandemias de la historia universal son generalmente “zoonosis”, es decir, enfermedades que se transmiten de animales vertebrados a personas. La lista es larga y escalofriante: Rabia, Fiebre Q, Toxocariasis, Campilobacteriosis, Leptospirosis, Leishmaniasis, Brucelosis, Filariasis, Gripe aviar, Gripe porcina, Tiña, Sarna, Carbunco, Peste, Triquinosis, Cryptosporidium y Hantavirus.
¿Es tan descabellado pensar en una conspiración, en una campaña sistemática de aniquilamiento liderada ahora por chanchos y mosquitos?
Los más exaltados ven maniobras distractivas en la proliferación de material cultural que muestra a los animalitos como bondadosas criaturas, inocentes e inofensivas. ¿Quién no recuerda al bueno de Bamby? ¿Cómo no enternecerse con Clarence, el león cieguito? ¿Alguien, después de sus primeras bravuconadas, puede sospechar que el mal se guarece tras los ojos vidriosos y desgraciados del gato de Shrek? ¿Quién no ha dicho alguna vez, para destacar la ausencia de maldad en una persona, que es más buena que Lassie atada? Mickey puede ser un bobo recalcitrante, pero nadie podría imputarle la más mínima fibra de maldad. ¡Y qué decir del encantador Scooby Doo, que todo lo que tiene de tonto y de cobarde lo tiene de bueno! A estas alturas, se achica el margen para la duda: se trataría de los protagonistas de una cortina de humo que intentó, con la anuencia ingenua de la industria del entretenimiento, tapar la cruda verdad: resentidos por haber quedado relegados en la cadena evolutiva, los bichos han querido siempre destruirnos. Y mal no les está yendo.
Los más afiebrados vislumbran una red humana de complicidades. Gerardo Sofovich, Raúl Portal, Nicole Neuman y Jorge Cuttini están sospechados de ser los contactos locales de una presunta organización global de apoyo a la causa animal. Son, al menos, exponentes de una casta que suele acongojarse más con el sufrimiento animal que con el de las personas. Y que alimentan, con su popularidad, la irresponsabilidad de los grupos de defensa de los derechos de las bestias.
Porque mejor que prevenir es curar; porque mucho mejor es prevenir que lamentarse por la desgracia consumada, es hora de aceptar la realidad y promover la creación de la Sociedad Protectora de Personas. Antes de que sea demasiado tarde. Antes de que los pocos que queden deban asistir a las últimas imágenes del naufragio.
Ya lo dijo Miguel Ángel Russo: cría cuervos y te sacarán los ojos.
(Publicada en diario Diagonales)
miércoles, 29 de abril de 2009
lunes, 27 de abril de 2009
Duplicidad
En el escenario electoral más bizarro y desopilante del que se tenga memoria, acaba de confirmarse la apertura de una nueva categoría de candidaturas, que se suman a las testimoniales, a las virtuales, a las renunciantes y a las listas colectoras, a las espejo y a la mar en coche. Se trata de las postulaciones ficcionales encarnadas por impostores de íconos caros al sentimiento de dererminada facción política. Se trata de personas que hacen de otras. En última instancia, se trata también de candidaturas truchas, porque se le vende al electorado una copia de la figura que en rigor es la que garpa.
La novedad corrió otra vez por cuenta del ocurrente Néstor Kirchner. Mientras en el cine proyectan una con la bonita Julia Roberts que habla de la perturbadora doble vida de los espías, a quienes nunca se les puede creer ni una mueca, el jefe del PJ -nunca más pejotizado- duplicó a Evita y mandó a Nacha Guevara al casillero del cupo femenino (Justo a ella, a Eva, que hizo votar a las mujeres, le dan un lugar de compromiso).
Nacha hace de Eva en el musical que banca Daniel Scioli, que es el candidato testimonial que la precede en la nómina. Y también hace de Eva en la campaña. Quiera ella o no. Más allá de su rica historia de compromiso, Nacha no podrá aflojarse el rodete hasta el 28 de junio. En esta obra de teatro que mezcla y funde la tragedia argetina con la comedia política, ella no es Nacha. Y menos, mucho menos, Guevara, porque ya sería un pastiche nostálgico de las transversalidades e indigerible para los barones del conurbano. ¿Eva y el Che, juntos en una lista del PJ? Por Dios. Habrase visto.
Nacha era la mejor de las Evitas que había en plaza. Otras venían complicadas:
* La de Esther Goris tiene copyright puntano: había que negociar con el Alberto, y el tipo no quiere compartir con el país K ni el huso horario.
* Arreglarles el tema de la residencia a un porteño o a un santacruceño para que sean candidatos por Buenos Aires tiene sus bemoles, pero se puede. El caso de Madonna, en cambio, era más heavy: hace unos cuantos años que la mina vive en Londres.
* Más fácil era el caso de Elena Roger, que por lo menos es argentina. Pero es pelirroja, y, se sabe, los pelirrojos ahora dan disidentes. Un riesgo inaceptable.
La performance de Nacha es acaso la más lograda. Pero, ¿es la única candidata que hará de otro en esta campaña?
¿Ricardito Alfonsín no hará de Raúl Ricardo?
¿Claudia Rucci no hará de José Ignacio?
Como sea, la izquierda ya busca el teléfono de Rodrigo de la Serna, que hizo del Che en Diario de motocicleta, y no descarta llamar a Benicio del Toro, el Guevara hollywoodense. Víctor Laplace, como ya dijo Carlos Pagni en La Nación, cotiza en alza, pero, despechado por la elección de su falsa esposa por parte del PJ oficialista, estaría más cerca de irse con su Perón a Las Cañitas, donde atiende el peronismo disidente, que es Pro. Y si no, a alguien le tiene que haber gustado y le tiene que servir su Facundo Quiroga.
Mientras tanto, la Eva verdadera, la posta, la original, se revuelca en su nube y reclama que le devuelvan los jirones de vida que dejó en la Tierra.
La novedad corrió otra vez por cuenta del ocurrente Néstor Kirchner. Mientras en el cine proyectan una con la bonita Julia Roberts que habla de la perturbadora doble vida de los espías, a quienes nunca se les puede creer ni una mueca, el jefe del PJ -nunca más pejotizado- duplicó a Evita y mandó a Nacha Guevara al casillero del cupo femenino (Justo a ella, a Eva, que hizo votar a las mujeres, le dan un lugar de compromiso).
Nacha hace de Eva en el musical que banca Daniel Scioli, que es el candidato testimonial que la precede en la nómina. Y también hace de Eva en la campaña. Quiera ella o no. Más allá de su rica historia de compromiso, Nacha no podrá aflojarse el rodete hasta el 28 de junio. En esta obra de teatro que mezcla y funde la tragedia argetina con la comedia política, ella no es Nacha. Y menos, mucho menos, Guevara, porque ya sería un pastiche nostálgico de las transversalidades e indigerible para los barones del conurbano. ¿Eva y el Che, juntos en una lista del PJ? Por Dios. Habrase visto.
Nacha era la mejor de las Evitas que había en plaza. Otras venían complicadas:
* La de Esther Goris tiene copyright puntano: había que negociar con el Alberto, y el tipo no quiere compartir con el país K ni el huso horario.
* Arreglarles el tema de la residencia a un porteño o a un santacruceño para que sean candidatos por Buenos Aires tiene sus bemoles, pero se puede. El caso de Madonna, en cambio, era más heavy: hace unos cuantos años que la mina vive en Londres.
* Más fácil era el caso de Elena Roger, que por lo menos es argentina. Pero es pelirroja, y, se sabe, los pelirrojos ahora dan disidentes. Un riesgo inaceptable.
La performance de Nacha es acaso la más lograda. Pero, ¿es la única candidata que hará de otro en esta campaña?
¿Ricardito Alfonsín no hará de Raúl Ricardo?
¿Claudia Rucci no hará de José Ignacio?
Como sea, la izquierda ya busca el teléfono de Rodrigo de la Serna, que hizo del Che en Diario de motocicleta, y no descarta llamar a Benicio del Toro, el Guevara hollywoodense. Víctor Laplace, como ya dijo Carlos Pagni en La Nación, cotiza en alza, pero, despechado por la elección de su falsa esposa por parte del PJ oficialista, estaría más cerca de irse con su Perón a Las Cañitas, donde atiende el peronismo disidente, que es Pro. Y si no, a alguien le tiene que haber gustado y le tiene que servir su Facundo Quiroga.
Mientras tanto, la Eva verdadera, la posta, la original, se revuelca en su nube y reclama que le devuelvan los jirones de vida que dejó en la Tierra.
Es lo mismo: es golpismo
Conocer el origen y el significado de las palabras (la etimología) es un ejercicio efectivo para entender el mundo y los procesos que se dan en él. En estas horas turbulentas, algunas palabras y sus significados resultan fundamentales.
Por ejemplo:
· Democracia: Del griego, predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.
· Representar: Sustituir a alguien o hacer sus veces, desempeñar su función o la de una entidad, empresa.
· Mandato: Encargo o representación que por la elección se confiere a los diputados, concejales, etc.
· Encargar: Encomendar, poner algo al cuidado de alguien.
· Mandante: Que manda / Persona que en el contrato consensual llamado mandato confía a otra su representación personal.
En el artículo 1º de su primer capítulo, la Constitución nacional establece que la democracia argentina es, además de republicana y federal, representativa. Esto significa que el pueblo no gobierna en forma directa, sino que lo hace a través de representantes. A las personas que elige para que lo representen, el pueblo les otorga un mandato, es decir que les encarga que lo representen. En definitiva, pone a su cuidado el poder de gobernar: los representantes ostentan, administran, cuidan un poder ajeno, que les es delegado por el pueblo por determinado período, que es fijado taxativamente por la Constitución Nacional y por cada una de las constituciones provinciales.
Cuando moría la tarde del lunes, la vicefeja de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Gabriela Michetti, anunció su decisión de renunciar a su cargo para ser candidata a diputada nacional porque bla, bla, bla.
Gabriela, que venía surfeando el pantano de la política sin mancharse las Topper blancas, se cayó de trompa en el barro.
Y violó el artículo 3º del capítulo 1º del régimen electoral porteño, que establece: “El/la Jefe/a y el/la Vicejefe/a de Gobierno duran en sus funciones cuatro (4) años”.
Gabriela clavó una estaca en el corazón de la democracia representativa. ´
La chica de Balbanera (ella es una chica de barrio) cacareó ante las cámaras sin demasiada convicción, con cara de qué hago acá. Dijo que renuncia para no dejar lugar a especulaciones. Y que renuncia porque “no da todo lo mismo”. Quiso, Gabriela, alardear de ser distinta. Quiso lavar su jugada de las impurezas de las candidaturas truchas del kirchnerismo. Al renunciar, quiso Gabriela -que es una recién llegada a la política y no puede darse el lujo de compartir el fango con los profesionales de la trampa- decir que lo de ella no es lo mismo que lo del gobernador Daniel Scioli.
Mentira.
Es lo mismo.
Exactamente lo mismo.
Las diferencias son de forma.
Ella traiciona la confianza consumada e incumple el mandato del pueblo a la mitad del río. El gobernador Scioli (y todos los que terminen asumiendo una candidatura virtual) traiciona a cuenta: antes de que le encarguen ser diputado nacional por cuatro años, avisa que no lo será. ¿El que avisa no traiciona? En este caso, sí. Si su candidatura trucha fuera entendida cabalmente como tal por el conjunto del electorado, no sería tan efectiva en términos de intención de voto. No “mediría”. Y no tendría sentido. Porque lo tiene, es traición, aunque avise.
Es lo mismo que hará Francisco de Narváez: el postulante del PJ disidente admite desde el vamos que traicionará el mandato de sus votantes dentro de dos años, cuando renuncie al encargo del pueblo para ser candidato a Gobernador.
Es lo mismo que hará la líder de la Coalición Cívica, la ultra republicanista Elisa Carrió, que también dentro de dos años, cuando interrumpa su gestión como diputada nacional para lanzarse a la carrera presidencial, se sacudirá la responsabilidad que le habrá mandado el pueblo porteño. Es lo que hizo en 2007.
Es lo mismo que hará Felipe Solá. El ex gobernador traicionará para atrás y para adelante. El lunes a la noche anunció que renunciará al trabajo que le encomendaron los bonaerenses en 2007 para postularse al mismo cargo, pero por una opción política diferente y avisando que quiere postularse a la presidencia en 2011. Entre 2009 y 2011 no cabe un mandato de diputado nacional.
Se dice por estas horas que lo de fulano es más grave que lo de mengano y cosas por el estilo. Mentira.
Cuando se ataca la sustancia de una cosa, no hay grados de gravedad. Cuando se traiciona la voluntad popular, es todo lo mismo. Porque lo que hacen todos, los candidatos virtuales y los renunciantes, es manejar discrecionalmente un poder que no les pertenece, porque les pertenece a sus mandantes.
Lo que hacen todos es, en definitiva, golpismo.
¡Epa!
¡¿Para tanto?!
Sí, claro.
Si no, ¿qué otro nombre se le podría poner a la apropiación del poder que es del pueblo? ¿No es un asalto al poder popular? ¿Qué otra cosa que golpismo es licuar el poder del pueblo en un sistema de gobierno basado, precisamente, en el poder del pueblo?
Además, ¿por qué cualquier mortal que rompe unilateralmente un contrato es castigado con multas y sanciones y, en cambio, un funcionario que ejerce un cargo electivo y rompe unilateralmente el contrato con el electorado recibe, como premio, un nuevo cargo?
¿A qué lógica delirante responde eso?
Por ejemplo:
· Democracia: Del griego, predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.
· Representar: Sustituir a alguien o hacer sus veces, desempeñar su función o la de una entidad, empresa.
· Mandato: Encargo o representación que por la elección se confiere a los diputados, concejales, etc.
· Encargar: Encomendar, poner algo al cuidado de alguien.
· Mandante: Que manda / Persona que en el contrato consensual llamado mandato confía a otra su representación personal.
En el artículo 1º de su primer capítulo, la Constitución nacional establece que la democracia argentina es, además de republicana y federal, representativa. Esto significa que el pueblo no gobierna en forma directa, sino que lo hace a través de representantes. A las personas que elige para que lo representen, el pueblo les otorga un mandato, es decir que les encarga que lo representen. En definitiva, pone a su cuidado el poder de gobernar: los representantes ostentan, administran, cuidan un poder ajeno, que les es delegado por el pueblo por determinado período, que es fijado taxativamente por la Constitución Nacional y por cada una de las constituciones provinciales.
Cuando moría la tarde del lunes, la vicefeja de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Gabriela Michetti, anunció su decisión de renunciar a su cargo para ser candidata a diputada nacional porque bla, bla, bla.
Gabriela, que venía surfeando el pantano de la política sin mancharse las Topper blancas, se cayó de trompa en el barro.
Y violó el artículo 3º del capítulo 1º del régimen electoral porteño, que establece: “El/la Jefe/a y el/la Vicejefe/a de Gobierno duran en sus funciones cuatro (4) años”.
Gabriela clavó una estaca en el corazón de la democracia representativa. ´
La chica de Balbanera (ella es una chica de barrio) cacareó ante las cámaras sin demasiada convicción, con cara de qué hago acá. Dijo que renuncia para no dejar lugar a especulaciones. Y que renuncia porque “no da todo lo mismo”. Quiso, Gabriela, alardear de ser distinta. Quiso lavar su jugada de las impurezas de las candidaturas truchas del kirchnerismo. Al renunciar, quiso Gabriela -que es una recién llegada a la política y no puede darse el lujo de compartir el fango con los profesionales de la trampa- decir que lo de ella no es lo mismo que lo del gobernador Daniel Scioli.
Mentira.
Es lo mismo.
Exactamente lo mismo.
Las diferencias son de forma.
Ella traiciona la confianza consumada e incumple el mandato del pueblo a la mitad del río. El gobernador Scioli (y todos los que terminen asumiendo una candidatura virtual) traiciona a cuenta: antes de que le encarguen ser diputado nacional por cuatro años, avisa que no lo será. ¿El que avisa no traiciona? En este caso, sí. Si su candidatura trucha fuera entendida cabalmente como tal por el conjunto del electorado, no sería tan efectiva en términos de intención de voto. No “mediría”. Y no tendría sentido. Porque lo tiene, es traición, aunque avise.
Es lo mismo que hará Francisco de Narváez: el postulante del PJ disidente admite desde el vamos que traicionará el mandato de sus votantes dentro de dos años, cuando renuncie al encargo del pueblo para ser candidato a Gobernador.
Es lo mismo que hará la líder de la Coalición Cívica, la ultra republicanista Elisa Carrió, que también dentro de dos años, cuando interrumpa su gestión como diputada nacional para lanzarse a la carrera presidencial, se sacudirá la responsabilidad que le habrá mandado el pueblo porteño. Es lo que hizo en 2007.
Es lo mismo que hará Felipe Solá. El ex gobernador traicionará para atrás y para adelante. El lunes a la noche anunció que renunciará al trabajo que le encomendaron los bonaerenses en 2007 para postularse al mismo cargo, pero por una opción política diferente y avisando que quiere postularse a la presidencia en 2011. Entre 2009 y 2011 no cabe un mandato de diputado nacional.
Se dice por estas horas que lo de fulano es más grave que lo de mengano y cosas por el estilo. Mentira.
Cuando se ataca la sustancia de una cosa, no hay grados de gravedad. Cuando se traiciona la voluntad popular, es todo lo mismo. Porque lo que hacen todos, los candidatos virtuales y los renunciantes, es manejar discrecionalmente un poder que no les pertenece, porque les pertenece a sus mandantes.
Lo que hacen todos es, en definitiva, golpismo.
¡Epa!
¡¿Para tanto?!
Sí, claro.
Si no, ¿qué otro nombre se le podría poner a la apropiación del poder que es del pueblo? ¿No es un asalto al poder popular? ¿Qué otra cosa que golpismo es licuar el poder del pueblo en un sistema de gobierno basado, precisamente, en el poder del pueblo?
Además, ¿por qué cualquier mortal que rompe unilateralmente un contrato es castigado con multas y sanciones y, en cambio, un funcionario que ejerce un cargo electivo y rompe unilateralmente el contrato con el electorado recibe, como premio, un nuevo cargo?
¿A qué lógica delirante responde eso?
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