martes, 16 de noviembre de 2010

Mi perro dinamita(do)

En la plaza de un pueblo lucen como en ningún otro lado los zapatos de Carito, pero lucen horrible los restos de este ricotero desmesurado, roto, que yace frente a la mismísima catedral de Tandil sin merecer siquiera la piedad del Señor: el Barba le prendió la luz del día y la imagen lo desfiguró. Ni un perro sarnoso y acabado quiso velarlo: se acercó, lo olió y rajó estornudando. Claro, el infierno había estado encantador pero maldición!, iba a ser un día hermoso. Por eso le dijeron: che, Kevin, es hora de levantarse querido! (dormiste bien?) E invocaron el poder del Capitán Buscapina. Pero era tarde. Y ahí quedó, con la ropa sucia. "Turco, tapame que hace frío", pareció pedir, y un buen samaritano entregó la campera. Pero nadie se llevó en andas a este ángel de los perdedores y quedó abandonado allí, tapado con diarios. Por lo menos, una certeza: de esa miel no comen ni las hormigas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario