martes, 16 de noviembre de 2010

The Twitter Show


Uno cuenta que su hijito le dice no sé qué cosa y se vuelve a jugar.

Otra cuenta que está comiendo un asado con amigos de la secundaria y que recuerdan anécdotas del colegio.

Otra cuenta su día de la madre al sol con su hijita y los “regalitos” y bla bla bla.

Hay una periodista de la tele que nos relata su existencia en tiempo real. Sólo para cuando duerme. (Ojalá durmiera más).

Son cada vez más los que dan los buenos días y las buenas noches y cuentan sus estados de ánimo en el arranque y al cierre de cada jornada.

Es como que se despiertan cada mañana a dos mundos: el real y el TW.

(Anoche, uno pidió perdón porque era tarde y se había olvidado de saludar, como quien se olvida de darle un beso a un hijo).

¿Por qué le contamos nuestra intimidad a un montón de extraños?

¿Por qué no hacemos lo mismo, pero cara a cara, con los extraños de la cola del banco o de la panadería?

¿Por qué no entramos al cine megáfono en mano y anunciamos que “el nene hizo caca en la pelela"?

¿Saludamos cada mañana y cada noche a nuestras parejas con tanto entusiasmo como saludamos “a todos” en TW?

¿Por qué colgamos en FB nuestros álbumes de fotos íntimas?

¿Por qué involucramos a terceros en esa publicidad sin pedirles permiso?

¿Por qué, entonces, no repartimos esas fotos en la cancha entre cuanto extraño encontramos en la tribuna?

¿Qué es esto tan común de mediatizar nuestra vida privada?

A escala, ¿no es lo mismo que hace la farándula en las revistas o en el continuado Rial-Canosa-etc-etc-etc? (¡¡Pero gratis!!)

¿No es lo mismo que hacían esas parejas tan bizarras en el tan bizarro programa de Moria? (Recuerden: si querés llorar, llorá)

A nosotros, que no somos ningunos grasas, ¿la farándula y los invitados de Moria no nos parecen un espanto?

¿Por qué hemos decidido granhermanizarnos?

¿Morbo? ¿Vanidad? ¿Exhibicionismo? ¿Alienación? ¿Soledad?

¿No somos nada —o somos demasiado chiquitos— si no somos públicos?

¿Queremos ser Ricardo Fort? (No digo tener su fortuna; digo ser tan obscenos y tan pelotudos).

No entiendo. Juro que no entiendo.

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